Reconciliación

El sacramento de la Reconciliación es la acción que Dios realiza a través de su Iglesia, por medio de los sacerdotes que administran el sacramento, por el cuál el fiel, al recibir el perdón de sus pecados, se reconcilia con Dios y con la Iglesia.

 El ofende primeramente a Dios nuestro padre y Señor; pero también es una ofensa a la Iglesia, ya que todos formamos un solo cuerpo, el Cuerpo Místico de Cristo; y al cometer pecado mortal, perdemos la vida de la gracia, y por ello dañamos a toda la Iglesia, que en lugar de recibir fuerza de nosotros, nos da su fuerza para llevarnos a la conversión.

Los efectos espirituales que causa este Sacramento en nuestra vida son los siguientes:

  • La reconciliación con Dios por la que el penitente recupera la gracia.
  • La reconciliación con la Iglesia.
  • La remisión de la pena eterna contraída por los pecados mortales.
  • La remisión, al menos en parte, de las penas temporales, consecuencia del pecado.
  • La paz y la serenidad de la conciencia, y el consuelo espiritual.
  • El acrecentamiento de las fuerzas espirituales para el combate cristiano.

Los sacerdotes son los encargados de perdonar los pecados porque Jesucristo confió a sus apóstoles el ministerio de la reconciliación (cf Jn 20, 23; IICor 5, 18), y los obispos, sus sucesores y los presbíteros colaboradores de los obispos, continúan ejerciendo este ministerio.

Los obispos y los presbíteros, en virtud del sacramento del Orden, tienen el poder de perdonar todos los pecados "en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo". Ellos no perdonan los pecados en nombre propio, como Jesucristo, sino en nombre de Dios, de la Santísima Trinidad.

Este sacramento requiere que se realice lo siguiente para que sea válido y fructuoso en nuestra vida:

LA CONTRICIÓN: consiste en sentir un dolor espiritual, en el alma, por haber cometido el pecado. Es sentir que se reprueba el pecado, y que se tiene el firme propósito de no volver a hacerlo. Si este dolor se tiene por haber ofendido a nuestro Padre Dios que es tan bueno, se llama contrición.

LA CONFESIÓN DE LOS PECADOS: es una parte necesaria en el sacramento de la penitencia. Es necesario confesar todos los pecados mortales, aun los más secretos; es decir, aunque hayan sido solamente de pensamiento, muchas veces hieren gravemente el alma y son más peligrosos que los que han sido cometidos a la vista de todos. Quienes callan voluntariamente uno o más pecados mortales, no están presentando ante la bondad divina nada que pueda ser perdonado por mediación del sacerdote.

LA PENITENCIA: es la penitencia que impone el confesor. Si muchos pecados dañan al prójimo, habrá que reparar ese daño. Los pecados debilitan al que comete el pecado. Por eso debe hacer algo más para reparar esos daños y recobrar su plena salud espiritual. La penitencia impuesta por el confesor puede ser muy variada. Puede consistir en oración, en ofrendas, en obras de misericordia, en servicios al prójimo, en privaciones voluntarias, en sacrificios y, sobre todo, en la aceptación paciente de la cruz que debemos llevar.

HORARIO DE CONFESIONES

Las confesiones se realizan durante los horarios de la siguientes misas.

Lunes a Jueves 6:00 p.m. a 7:00 p.m.
Viernes 8:00 a.m. a 9:00 a.m.
6:00 p.m. a 7:00 p.m.
Sábado 6:00 p.m. a 7:00 p.m.
Domingo 9:00 a.m. a 10:00 a.m.
6:30 p.m. a 7:30 p.m.